lunes, 21 de enero de 2008

El dolor de la luz



Un día de estos ví una película que de un chico que era ciego, y con una operación logra ver. Lo interesante en esta película es que aunque podía ver, su cerebro seguía ciego, es decir, el podía desenvolverse siempre y cuando mantuviera sus ojos cerrados.
En un principio, la luz le causaba dolor, parecían cuchillos clavados en sus ojos, pero con el tiempo logró adecuarse físicamente, la luz no le causaba dolor, porque sus ojos se acostumbraron.
Creo que muchas veces nosotros seguimos este pratón cuando comprendemos que algo que estamos haciendo es pecado (llamese sexo, llamese malas palabras, llamese weba, cada quien sabe), duele como cuchillo, nos negamos a encender la luz de la verdad otra vez porque sabemos que dolerá más, pero lo que no sabemos es que la luz no es la que duele, es nuestra mente que no está acostumbrada a percibir la luz, y entonces, preferimos cerrar nuestros ojos con un sin fin de justificaciones porque pensamos que así no volverá a doler.
El dolor es saber que "esto" es pecado, porque ya sabemos que estamos pecando, y porque ya sabemos que pecar causa dolor. Así que aunque justifiquemos el pecado, no podemos negar que el pecado se puede ver en la luz, lo podemos esconder, lo podemos negar, lo podemos ignorar, pero allí está, y ahora sabe a pecado, huele a pecado, se siente como pecado y tarde o temprano se verá como lo que es: PECADO.
Una vez una de ustedes me dijo con lagrimas en los ojos "Eleana, y porque sabes justamente como me siento ante "este" pecado???" Bueno, porque el pecado, cualquiera que sea, siempre duele cuando sale a la luz, y duele más cuando lo hacemos por estúpidez más que por placer.
Y entonces????? Alejemonos del pecado y tratemos de ver otra vez la luz, o sea a Él.